lunes, 28 de febrero de 2011

Looking for money...

Un paseo por Estocolmo

Ya nada tiene sentido. Ni la ropa que llevo puesta ni el color del cielo, ahora todo es confuso. Todo comenzó cuando la tierra dejó de girar y él me miró con esos ojos tiernos que nunca he encontrado de nuevo. Me preguntó cómo me llamaba, de la nada, y yo le di un nombre falso por supuesto. La verdad me encantaba, estaba deslumbrada por su barba preciosa y su cabello desorganizado, pero no pude dejar de notar que cuando se dirigió a mí por primera vez se me hizo cachitos el corazón, seguí hablando con él, ahí en medio de la calle y por extraño que suene acepté tomar algo con él, por qué no?. Se dio cuenta de mi nombre falso y me lo preguntó de nuevo, esta vez si le di el mío. Jade no era un nombre común y cuando lo decía solían preguntarme de dónde venía y todo eso, pero él no dijo nada, siguió preguntándome cosas acerca de mí y yo, embelesada en el tono de su voz, le conté toda mi vida, sin reparar en que no sabía nada de él. Yo tenía una cita, sí, pero no recuerdo en donde. Me invitó a pasear en su automóvil, que estaba cerca, y yo acepté. Increíblemente, no pregunté a dónde íbamos, simplemente continué con mi relato y después de un rato noté que ya no estábamos en la ciudad... Pero no dije nada. Comencé a cantar la canción que pasaban en la radio, a viva voz, como si al segundo en el que terminara nunca más pudiera yo cantar. Paramos en un restaurante, y se bajó, yo lo seguí y nos sentamos a comer. Todo estaba increíble, yo no podía creer lo suave que estaba la carne, lo sabrosas que estaban las papas, lo frío que estaba mi refresco, todo era perfecto, él me contó de su familia, de sus hermanos, de su antigua esposa y de su hija muerta, lloró un poco y me dijo que justo ese día era su aniversario... yo lo sentí tan frágil, tan humano, que sentí conocerlo hacía una vida. Pagó la cuenta y yo lo abracé antes de continuar nuestro viaje. Me dormí un rato, porque los viajes largos me arrullan, y después de un rato sentí su barba en mi cara, me besó en la mejilla y me dijo que ya habíamos llegado. Estábamos en la playa, yo nunca había ido, a pesar de vivir cerca, me tomó de la mano y yo me puse a llorar al ver el mar, me sentí tan pequeña y tan débil... después salí corriendo hacia él, y me sumergí en el agua y sentí su fuerza golpeándome y lloré de nuevo, pero ahora de felicidad, nunca lo había hecho. Él me llamó en la orilla y me secó con una toalla, estaba amaneciendo y hacía frío, nos acostamos en la playa a ver como salía el sol, y yo veía las nubes, los elefantes rosados, los conejos y los duendes, veía como se formaban corazones llenitos y como se destruían, veía las flores que volaban y los pájaros reales y de nube, y lloraba y reía, porque nunca había sido tan feliz, ahí abrazada a ese hombre misterioso. Dormí un rato porque estaba cansada y luego cuando desperté me invitó a comer un helado... a las 7 de la mañana. Estaba delicioso y yo le hablaba y le contaba todos mis miedos e infortunios, le contaba de mi madre desaparecida y de mi hermana loca, de mis soledades y de mis amigos... Le cantaba mis canciones. Y él me miraba como anonadado, como si no creyera que yo estaba ahí, y es que yo tampoco lo hacía. Me contó que le temía mucho a la muerte, pero que la esperaba resignado, todos los días tomando una copa de vino en el balcón de su casa. Y yo lo besé y él me beso. Era perfecto, mi vestido blanco manchado de arena, sus brazos fuertes y su aroma a tierra, mi pequeña figura en medio de su masculinidad. Regresamos al coche y yo le dije que quería entrar al agua de nuevo, que no había estado allí lo suficiente, pero todo cambió. Me dijo con vos seca que no, que ya era hora de regresar. Y yo le sonreí, le pedí que entráramos al agua y lo besé, pero me agarró de un brazo y me gritó que entrara al auto.
Yo le hice caso, claro... le dije que no tenía que ser tan agresivo, que si ya era hora de regresar estaba bien, que podía dejarme en el centro... pero me calló de una bofetada. Me llamó pequeña molestia y me dijo que ya vería el castigo que me iba a encontrar una vez llegáramos a casa. Yo me asusté por un rato, no voy a negar que su cambio de actitud me desconcertó un poco, pero luego recordé lo lindo que había sido conmigo en la playa y decidí perdonarlo. Seguí callada todo el trayecto hasta que llegamos a una casa preciosa, llena de enredaderas así como las de las películas, con un jardincito de rosas apenas florecientes y un caminito de piedras hasta la casa. Me pidió que bajara dulcemente y yo le sonreí, porque había vuelto el hombre que yo amaba, sí, aunque lo conociera de sólo ese día. Entramos a la casa y estaba vacía, yo me asusté un poco cuando me dijo que bajara al sótano... Yo no quise y traté de besarle, pero él me empujó y me llevó allí y me encerró y yo no lo podía creer, luego me pateó muy fuerte, y me decía que era mi culpa, que yo no debí haberlo arruinado que era todo mi culpa y luego se puso a llorar como un niño y yo no entendía nada... se detuvo y se agachó a mi lado... y me besó en mi boca llena de sangre... y me pidió perdón por tener que matarme.
En ese instante sonó el timbre y él salió a abrir la puerta, me dijo que esperara que en un momento estaría de vuelta para terminar con mi patética vida... Yo me asusté y pensé en mi hermana, sola y preocupada por su madre y ahora por su hermana, pensé en mis amigos y lo distinta que sería mi vida sin mí... y corrí, y salí de la casa, por delante de él y de su vecina, y corrí hasta llegar a una estación de policía y decir que me habían robado.
Ya han pasado más de dos años y no he podido dar con él, con esa mirada tierna y esos besos abrasadores, que te queman pero que no puedes dejar de recibir y ese amor que no me pudo dar, lo he buscado en todas partes, en la playa y en la calle donde lo conocí, paso noches enteras frente a su casa, pero ahora vive una familia con perro y todo y ni rastro de él, ya mi vida no es nada sin él y si no lo encuentro pronto no creo que pueda seguir viviendo.
Tonta yo que me escapé, que no permití que pasáramos juntos la eternidad, lo amo, y no puedo olvidarle.

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Cuando yo ya lo he dicho todo... te toca hablar a tí