domingo, 25 de abril de 2010

Amor de heladero


Frutilla y melocotón, con mi helado de mentiras por favor.
Que no estén muy maduros, para que me dejen sentir el sabor amargo del engaño.
No me de cuchara, que puedo tragármelo entero solita.
No se atreva a echarle ninguna salsa, ni chispas ni nada... él resplandece sin necesidad de nada.
Si desea puede dármelo de a poco, pero no sé preocupe que de cualquier forma va a ser doloroso.
Le advierto que después de acabar con él ya nada volverá a ser como antes, y nunca confiaré de nuevo, pero si está seguro, démelo que lo puedo resistir.
Le ha quedado precioso, se ve delicioso... lastima que este sabor no llene nada y que se olvide fácil, que sea perfecto cuando no se sabe que es de mentira y que cuando al fin lo descubres te duela tanto el estomago que no te crees capaz de probar bocado por mucho tiempo.
Yo prefiero el helado de otros sabores, como el insípido pero tranquilizador silencio, o la picante espera, el rico y doloroso sabor de la verdad, de esa verdad pura que aunque no guste al principio refresca al final.
le recomiendo que la próxima vez piense antes de llenar mis ansias con mentiras y mire si no es preferible quemarme con un poco de verdad.

1 comentario:

Cuando yo ya lo he dicho todo... te toca hablar a tí