domingo, 29 de noviembre de 2009

Heladofobia


-Ay no, mami, he dejado caer mi helado, mami pasan los 5 segundos, recogemelo que no lo voy a poder comer.
Lloraba, el helado se derretía y la madre seguía hablando con su amiga.
-Mami, ya no queda casi nada y es mi helado favorito, mami, sueltame para poder recogerlo yo!
-No grites.
-Mami, bajame, mi helado!!!
Seguía llorando, pero la madre la ignoraba.
=Mami!(gritó)
-No más! tendrás que caminar el resto del camino, mira la verguenza que me has hecho pasar con Paula, Lucia, no puedes seguir comportandote así, esque eres una niña mala, no puedes seguir así.
-Pero mamá, se me callo mi helado! dejame recoger lo que queda... no tires de mí.
-Nos vamos para la casa Lucia, no entiendo porque te comportas así, yo te he dado todo de mí y tú me pagas de esta forma...
-Mi helado!
-Nunca más vas a comer helado, nunca más... ahi esta tu maldito helado, ahora muevete que falta mucho para llegar a casa y hoy no vamos a tomar el tren.
-Pero mamá, me duelen mis pies...
-No importa, no te callaste cuando te pedi que lo hicieras, ahora te aguantas y caminas.
Lucia y Amanda siguen su camino, ambas sollozando, Lucia cansada y triste por su helado, Amanda lamentando haberse despertado aquella mañana.
Llegan a casa, Lucia corre donde su abuela quien le prepara un baño y la lleva a la cama.
-¿Qué no ves que es una niña? como te atreviste a hacerla caminar hasta aquí, no tienes justificación.
-Pero mamá no ves que me hizo pasar verguenza con Paula, se lo merecia!
-como que se lo merecia, acaso estas loca amanda?, solo tiene tres años!
-Y yo solo tengo diecisiete, mamá, no puedo más con esto, no puedo.
-Como que no puedes, claro que puedes... tienes que poder.
-No mamá ya es suficiente, ya no soporto estar con ella, ya no soporto que me hable, a veces quiero olvidarla en el tren, quiero no volver a saber de ella...
-Como dices eso muchacha necia, no ves que es tu hija, que es tu sangre! tendrás que pasar sobre mi para hacerle algo a esa niña.
- Yo no le voy a hacer nada mamá, tampoco soy un monstruo, pero no voy a seguir aquí lamentando cada uno de los días, mañana me voy a vivir con Paula.
-¿¡Qué!? Estas loca, Lucia necesita a su mamá.
-Seamos realistas,tu eres su madre, yo solo le grito, la trato mal... Tú lo harás mejor que yo, así podrás enmendar todos los errores que cometiste conmigo...
- No te vas a ir Amanda, tienes que ser responsable...
-Sabes qué, me voy ya...
-No Amanda, no le hagas esto a Lucia.
-Creeme mamá, va a estar mejor contigo.

-Cree usted que sea real... es lo unico que no concuerda con mi historia, la tal Amanda y el recuerdo del helado, mi madre dice que no conoce ninguna Amanda, pero y ese recuerdo que?, lo saque de una novela?, es imposible, todavia me duele que mi verdadera mamá me haya abandonado, es imposible que esa mamá nunca hay existido...
- No creo que tu madre te haya mentido, debe ser algo que leiste o viste y lo tomaste como tuyo... no te preocupes, intenta incluir el helado en tu vida, no hay razón aparente para tu fobia... Son las doce, nos vemos mañana.
-Hasta mañana doctora.

-Pobrecita mi niña, escuchó toda mi conversación con mi madre... pero al menos es una joven feliz, si estuviera aún conmigo la habria arruinado, mamá hizo un buen trabajo al borrarme.
-Ay doctora, no entiendo como puede usted tratarla...

sábado, 28 de noviembre de 2009

Yo pecador me confieso...

Hay muchas cosas que no he dicho y no sé porqué... las quiero decir, quiero poder hablar tranquilamente sin todas esas cosas detrás pidiendome a gritos que las deje salir.
Confieso que soy atea hasta la medula, que me cuesta creer más que cualquier otra cosa, creer en dios, en las personas, en mí. Confieso que me duele ser atea, que todos los días pienso que sería mucho más fácil ser católica, al menos tendría a dios a mi lado, a eso a lo que todo el mundo acude cuando ya no hay nadie más.
Confieso que me cuesta mucho aceptar mis errores, me cuesta mucho aceptar que no acepto mis errores. Confieso que tengo una excusa para todo, no hay nada que haga yo porque sí.
Confieso que tengo miedo de que mi mamá me odie, tengo miedo a odiarla.
Confieso que a veces me gustaría no seguir.
Confieso que me gusta mucho la música, me gusta tanto que hay canciones que me causan maripositas en el estomago.
Confieso que toda reacción física la analizo, como las maripositas, que son una recurrencia de impulsos nerviosos en mi plexo solar.
Confieso que me importa mucho lo que la gente piense de mí, que me imagino conversaciones que no tengo con la gente, que a veces hablo sola por mucho tiempo.
Confieso que odio el desorden, y que no lo puedo ordenar porque no sé por donde empezar.
Confieso que me gustaría mucho vivir sola.
Confieso que soy paranoica, que creo que la gente no me quiere, que creo que todos me odian.
Confieso que muchas cosas se me hacen dificiles, pero no suelo admitir que lo son porque le tengo un miedo intenso al fracaso.
Confieso que suelo rendirme, que suelo inventar mil excusas en mi cabeza para no hacer las cosas, para no confrontar mis incapacidades, pero al final termino haciendo todo, porque odio ser alguien que se rinde.
Confieso que tengo días tristes, que lo son porque sí, que tengo mal humor, que lo escondo tras sonrisas fingidas, tras sueños inventados.
Confieso que hay alguien a quien quiero mucho, como a una parte de mí.
Confieso que no sé enamorarme, que no sé querer a nadie de esa forma.
Confieso que me duele mucho llorar, que me da rabia conmigo por hacerlo, que me gustaría no volver a hacerlo.
Confieso que hace poco algo se rompió y ya no veo las cosas de la misma manera, estoy un poco más amargada.
Confieso que me duele mucho el encierro, que me duele mucho estar sola.
Confieso que me arrepiento de las cosas. Incluso antes de hacerlas.
Confieso que creo que el año pasado era más feliz, pero no estoy segura, no sé si es la simple costumbre de creer que tiempo pasado fue mejor.
Confieso que creo que mi padre es muy débil.
Confieso que no me gustan los besos fingidos, esos que todo el mundo da, pero en realidad nunca existen.
Confieso que me gustan los abrazos en demasía.
Confieso que me gusta comer cuando estoy triste. También me gusta cocinar cuando lo estoy.
Confieso que voy a extrañar mucho a mi amiga que se va, porque la adoro, y es lo único que me quedaba de mis 4 compañeras.
Confieso que amo los cumpleaños, aunque nunca haya tenido uno tan feliz que no sienta tristeza.
Confieso que cuando más hablo es cuando más quiero quedarme callada.
Confieso que me cuesta mucho hacer amigos, confieso que me cuesta decir lo que realmente pienso.
Confieso que me siento en una encrucijada cuando de comprar ropa se habla, confieso que no sé si quiero bajar de peso por mí, o solo quiero que los demás se fijen en mí.
Confieso que me da rabia tener pensamientos superficiales.
Confieso que me gustan mucho las novelas mexicanas.
Confieso que me gusta mucho leer y tengo una manía incesante de anotar los libros que he leído, para no olvidarlos de a poco.
Confieso que no soy capaz de leer un libro dos veces, pero si puedo ver una película miles.
Confieso que casi nunca me dejan de gustar las cosas, por eso suelo decir que nunca cambio.
Confieso que no apoyo la piratería, pero bajo música de Internet.
Confieso que me deprimo fácil, y que muchas veces he querido ir al sicólogo para que me "arreglen".
Confieso que amo a mi gato con locura, y tengo un miedo intenso de perderlo.
Confieso que voy a seguir llenando esta entrada hasta que no pueda confesar más cosas.

Estigmatización juvenil, todos parecen estar contentos con el tema, todos parecen tener un deseo intenso de pertenecer a algún grupo en particular, de cerrar sus vinculos amistosos a un solo grupo de personas, que se vista igual a mí, y que escuchan las mismas canciones, que ven la vida de la "misma manera". Nadie parece querer romper con los esquemas y ser más que los demás, ser eso que nadie es, ser el diferente de toda la manada.
Todos parecen estar contentos con su clacificación y cuando no lo están simplemente se buscan otra.
Aceptemoslo, de alguna forma queremos todos pertenecer, eso de no ser parte nos asusta, nos deprime y hace que nuestros ideales se confundan con una mezcla de desesperación que nos hace ir hasta el punto de querer dejar todo a un lado y salir corriendo.
Pero y que pasa si no te logras acomodar, si ningún estilo es el tuyo y cada vez que alguien pasa por la calle te preguntas si se pregunta lo mismo ¿Qué seré yo?. Tal vez ya estas muy grande para preguntártelo, si ya no haces parte a los 17 el tiempo ya se te paso y es mejor que esperes a ver como sale el resto de tu vida, a ver si encuentras un grupo de no pertenecientes, a ver si algún día tus amigos se llevan bien entre sí.
¿Por qué escondemos quienes somos tras una cortina de maquillaje, tras accesorios extravagantes, tras ropa incomoda? ¿Y por qué cuando no llevamos eso que por fuera nos hace alguien no somos nada?
Me pregunto cúal será el camino que debemos tomar los que no somos nada, pero que somos todo a la vez, los que nos gustan miles de cosas, los que somos emos, raperos, rockeros reggueros(?) y todo a la vez, los que somos hasta locos, autista y ezquisofrenicos, todos aquellos que no cabemos en una lista de cánones internacional, esas que dicen como se comportan los jóvenes.
Tal vez tengamos que esperar hasta ese momento en el que dejamos de ser jóvenes para convertirnos en "adultos responsables", ese momento en el que lo que fuimos ya no importa y solo lo que hagamos para mantenernos vivos en este mundo de penurias es lo único que cuenta.