sábado, 5 de noviembre de 2011

Hacerse grande

Decidir por tu cuenta usar zapatos en todas partes, cuando disfrutas como nada sentir el piso bajo tu piel. Decidir dedicarle tiempo a lavar ropa, de verdad, para estar presentable... cuando es la tarea más aburrida que existe. Querer ser bueno en todo, querer ser querido y admirado, y hacer cosas para lograrlo, pensar en tu futuro y estudiar de tal forma que sea un futuro brillante, que seas reconocido, que seas el que gane los premios y las becas... todas esas cosas que están tan lejos. Dejar de disfrutar de la comida por pensar en trigliceridos, pensar en lo que me estoy comiendo, en el daño que me estoy haciendo... en mis futuras enfermedades, en mi futuro dolor. Dejar de tomar meriendas... pensar en que me gasto el dinero, en que quiero hacer con él, pensar en ahorrar para algo más grande que placeres mundanos. Ser responsable. Es triste como poco a poco me convierto en madre de mi misma, me regaño y me controlo y reconozco que lo hago porque soy dueña de mi futuro y quiero que sea uno bueno. Es triste tener que crecer y no tener a nadie a quien odiar porque no te deje comer dulces, o dormirte a la hora que te de la gana... es triste ser uno mismo quien termina privándose de aquellas pequeñas cosas que lo hacen feliz, por vivir una vida saludable, por ser un adulto responsable, de uno mismo y de su mundo... es triste tener que pasar a serlo, y que sea una carrera contra ese contrincante siempre invencible, que sea una carrera que ya sé tengo perdida... Ya sé que con el tiempo seré una adulta irremediable y ya no me importarán ni sueños ni utopías, ni ninguna de esas cosas que hace pocos años eran todo para mi vida.